Los Caminos de la Vida

“Recuerdo a un Diego de los años 60 en el sur de Chile, Purranque
organizando a los compañeros del partido o de la izquierda.
Fue un verano distinto en el sur de Chile.” —
María Delfina

Richmond, 2009.
El año 1964 había sido un muy duro, estaba cursando el tercer año en el Pedagógico de la Universidad de Chile. Durante el período eleccionario habíamos estado trabajando para la campaña presidencial los fines de semanas salíamos en caravanas a las distintas poblaciones de Santiago y pueblos aledaños a hacer puerta a puerta para Salvador Allende.
Ese año también cumplí mis 21 y pasé a ser mayor de edad, al día siguiente me inscribí en los registros electorales. El 4 de Septiembre experimentamos una gran frustración, la Patria Joven y la derecha nos habían derrotado. El seis de ese mes nos fuimos a Pichidangui a pasar el sabor amargo, teníamos seis años por delante y sabíamos que la próxima vez estaríamos más cerca. Una semana de descanso y volver a los libros, los exámenes se nos venían encima y no podíamos darnos el lujo de dejar un ramo pendiente.
En Enero del 1965 un grupo de amigos salimos de Santiago con destino al Norte con una mochila en la espalda, estábamos en vacaciones y mochilear era algo que había estado planeando los últimos meses del año. Allí conocí al Chico Edison (Edy), era ya algo mayor que yo, se dedicaba a decoración de interiores, era medio artista, pero no tenía una carrera definida, ideológicamente jugábamos por el mismo equipo y pateábamos con el mismo pie. En el viaje congeniamos, estuvimos en Caldera en la casa de un compañero de la Universidad, de allí llegamos a Antofagasta donde alojamos en una escuela, mas allá estuvo Iquique y Arica. Ahí conocimos un obrero que nos llevo a su casa donde pernoctamos una semana. La casa tenía el techo abierto, total como la lluvia nunca cae en esos lugares no importaba, cuando a fines de Enero volvimos a Santiago decidimos partir al Sur, nuestra meta era Puerto Montt. Yo había estado por esos lugares durante la gira de estudios que hicimos en el Barros Borgoño en Enero de 1960, habíamos llegado hasta Bariloche en la Provincia de Río Negro en la Argentina.
Cuando salíamos de Arica camino a Santiago conocimos un alemán, Ditmar, que andaba viajando a dedo y que venía de los EEUU; se vino con nosotros y los tres salimos los primeros días de Febrero con destino al Sur. La gente de pueblo en Chile es muy acogedora, he podido apreciar también lo mismo en Bolivia y en México. En nuestro viaje al Sur habíamos parado en la ciudad de Temuco, en un almacén cerca de la estación pregunté por Gastón Barril. La abuela de mi padre fue una señora española de apellido Soriano, provenía del sur de España, se caso con un español de apellido Barril con el cual tuvo seis hijos, quedo viuda y se caso en segundas nupcias con un vasco de apellido Barahona, este había llegado a Chile con un hermano. Con él tuvo cinco hijos, el menor de ellos mi abuelo Diego. A Gastón, primo hermano de mi viejo. Lo conocía de nombre, el viejo había estado viviendo en Temuco cuando joven y la familia provenía de la zona. Me dieron las señas de la casa y ahí llegue preguntando por Gastón Barril. Me atendió su esposa y al rato llego el dueño de casa, tenía la misma fisonomía de mi padre, cuando supo quien era se abrió la conversación y se alegro de conocer a un hijo del Flaco, allí alojamos alrededor de cuatro días antes de continuar con el viaje, la generosidad reina en el alma del pueblo chileno y eso es probablemente lo que más extraño.
En el transcurso del viaje empecé a tener problema con Ditmar, este había estudiado agronomía en una universidad gringa y provenía de Alemania Occidental, reaccionario como el solo y furibundo capitalista. De Temuco viajamos a Villarrica y de allí a Valdivia, fue en esta que el alemán desapareció un día pues siguió viaje con unos compatriotas que alojaban al igual que nosotros en el liceo Alemán de esa ciudad, nunca más supe de él. En el viaje Edy me conto que tenía un hijo desconocido por esos lugares, en Purranque, Osorno, que había nacido de un romance. Suponía que la muchacha lugareña había vuelto a Osorno y que no había vuelto a verla. Aquí es cuando nace y empieza a madurar la idea de pasar por Purranque. De Valdivia pasamos a Osorno y en el camino hacia Puerto Montt nos encontramos con que el primer pueblo era justamente Purranque, la carretera pasaba por la afueras del pueblo así es que caminando unas cuadras al interior llegamos a la Plaza de Armas, nos encontramos con tres adolescentes sentadas en un banco, nos acercamos a conversar. Eran tres hermanas, Oriana, María Delfina y Helena Alvarado, hijas de un profesor de la zona y vivian frente a la plaza. Les pregunte si conocían a alguien de por ahí que estuviera en la universidad, en particular alguien de la Universidad de Chile, y nos contaron que había una muchacha, me parece que de Economía, que vivía en la casa del jefe de la estación donde trabajaba su padre, su nombre Cecilia Jarpa. Nos despedimos y seguimos caminando hasta la estación del tren y golpeamos en dicha residencia, tuvimos la suerte que Cecilia nos abriera, nos presentamos y nos hizo pasar a su casa, al poco rato ya teníamos amigos comunes y la confianza entro en nuestra conversación, por supuesto nos ofreció alojamiento.
II
Nos establecimos en Purranque donde ya teníamos posada y al día siguiente nos dirigimos a la iglesia, pedimos los libros de bautismo y empezamos a buscar; lo primero era saber que apellidos tenía la guagua, Edy conocía el apellido de la madre, le sugerí que buscara por el apellido de él y la mama, Teníamos una fecha con un mes de error, no tardamos ni cinco minutos para encontrar una niña con esos dos apellidos y con el nombre de su madre; el lugar era un caserío hacia la costa, así es que nos proyectamos para viajar al día siguiente. Mientras tanto entramos en confianza con las niñas Alvarado y nos contaron que cuando aparecimos por la plaza pensaron que éramos unos democristianos pasando por el lugar, craso error, me llamo la atención que en el lugar no había señal de las elecciones que se aproximaban y además que el partido, en ese momento formaba parte del FRAP no llevaba candidato y que apoyaba a los candidatos del PS, ¡eran otros tiempos!
Al día siguiente tomamos un bus que se dirigía hacia la costa y llegamos al lugar ya al atardecer, los campos estaban sembrados de trigo y caminamos varias cuadras. Ya nos habíamos enterado donde vivía la familia que andábamos buscando, la noche cayó cuando cruzábamos una casa donde funcionaba la escuelita rural del sector, no presentamos con el matrimonio de profesores y después de un rato le pedimos posada para pasar la noche; la recibimos pero solo nos mostraron la sala de clases llena de polvo y con los escritorios uno sobre otro, era época de vacaciones de verano, no habíamos llevado nada más que lo puesto y no nos ofrecieron ni una frazada. Nos acostamos sobre los escritorios usando unos libros como almohadas y tratar de dormir en esa noche fría y lluviosa, nos tapamos con periódicos viejos. Nunca en mi vida he pasado una noche tan perra y he pasado tanto frio se sentían las carreras de ratones entre medio de los bancos y la ventolera se colaba por todas partes. En la mañana nos ofrecieron una taza de café y se lamentaron de no habernos prestado unas frazadas para paliar el frio, dejamos la escuelita y seguimos por el camino.
La casa que buscábamos se encontraba como a un kilómetro de distancia por el camino principal. Frente a las casas de los campesinos se encontraban los tarros llenos de leche esperando ser recogidos por las empresas del lugar para ser procesados y distribuidos. Ya se sabía de nuestra presencia cuando llegamos a la casa, una choza como la de todos los campesinos sin las mínimas condiciones higiénicas. No tuvimos que esperar ni tampoco preguntar por nadie, la noticia de nuestra llegada ya había recorrido el poblado, una señora nos dijo que esperábamos y al cabo de unos minutos salió una niñita de unos dos años con su vestido dominguero y sus manitas atrás y con la mirada baja como con vergüenza, yo pensaba que estaba ante el deporte favorito de los chilenos y que aún subsiste con mayor ímpetu, el crear hijos y mirar para otro lado, en el chile de hoy conozco varios casos, algunos demasiado cercanos, donde el tener hijos y no reconocerlos o arrancar lejos es algo que se puede lucir como condecoración sin importar las consecuencias que el tiempo acarreará. La chica se acerco a Edy y estuvieron un rato juntos, yo desde el lado mirando. Hoy en día, 45 años más tarde, me pregunto que si sabíamos ya la edad de la bebita no nos hubiera costado mucho el haber comprado una muñeca o un paquete de chocolates y habérselo llevado, llegamos con las manos vacías, nos fuimos con las manos vacías. La verdad en que solo el pensar el destino de la mocosita me deprimía, hoy día es probablemente una abuela joven y avejentada, sin embargo su figura aun está grabada en mi mente como una fotografía. Con Edison no volvimos a tocar el tema.
III
Volvimos a Purranque haciendo dedo y durante el camino decidí quedarme allí y trabajar para la campaña que se avecinaba, el viaje a Puerto Montt se haría cualquier otro día. Sin dificultad contactamos a los dirigentes lugareños, nos dieron una pieza a la calle de una casa, totalmente independiente, y allí nos ubicamos por el resto del mes. Nos pusimos a pegar la propaganda, y por mi parte me puse en contacto con un campesino dirigente del partido de quien aprendí y pude conocer la vida en esos lugares apartados, la reforma agraria y educacional de Frei aun no comenzaba y se acercaba el día de las elecciones aquellas donde los partidos Conservador y Liberal murieron dando paso a la nueva derecha de chile, formada en adelante por el Partido Nacional y la Democracia Cristiana, quienes nos llevarían al rompimiento del sistema y a los años más negros de la dictadura.
La amistad con nuestras nuevas amigas fue madurando. Recuerdo a Elena comiendo unas manzanas verdes arriba de un árbol que se encontraba al lado izquierdo del corredor de la casa. Me invito a comer una, por más empeño que le hice no pude pasar mas allá de la primera mordida y hasta el día de hoy no entiendo como Helena las encontraba sabrosas. Y así llego el fin de Febrero, tenía que volver a Santiago a cursar mi cuarto y penúltimo año en el Pedagógico, alrededor el 1 de Marzo emprendí la vuelta a casa, Edy se quedo en Purranque.
Durante la primera jornada llegué por la altura de Curicó y la noche me alcanzó parado en un puesto de buses sobre la carretera panamericana, sin esperanza de encontrar alojamiento me acosté en la banca y trate de dormir. Unas voces me alertaron, era un grupo de Demócratas Cristianos pegando propaganda, nos pusimos a conversar y el mayor de ellos me llevó a su casa dentro del pueblo y me dio alojamiento. Al día siguiente, con desayuno en el estomago, una camioneta me recogió y me dejó en la esquina del matadero, tres cuadras más abajo estaba mi casita de población, mis padres y hermanos y la vuelta a la rutina, continuar con los estudios y empezar a pavimentar el camino para las próximas elecciones que aun se veían muy lejanas en el horizonte.
IV
Las elecciones llegaron con una gran victoria para la DC y el año siguió su curso y para Diciembre con un ex compañero de liceo y compañero del Pedagógico, Jaime, emprendimos el 1 de Enero un viaje al Norte. Nuestra primera parada fue la salitrera de María Elena, allí vivía un colega que trabajo con nosotros ese año en un liceo vespertino que funcionaba en el Colegio El Buen Pastor en Macul, estuvimos como cuatro días y seguimos viaje a Antofagasta, Iquique y Arica, otra vez una compañera del mismo colegio nos dio alojamiento.
En Arica nos dieron pasaje gratis en el Ferrocarril y sacamos pasaportes, desde allí un viaje increíble, Arica La Paz, pasando por General Lagos, Visviri para llegar a la Paz al atardecer. En la travesía conocimos un par de señoras, ellas habían estado en Arica para comprar algunas cosas y llevaban unas maletas que pesaban mucho, en la frontera les llevamos las maletas como un acto de caballerosidad y de repente me di cuenta que estaba jadeando, casi en el mismo momento vi que la altura del lugar era de 5400 metros de altura, lo cual me hizo entender las razones del cansancio. Al llegar a La Paz las profesoras que eran dos hermanas, nos llevaron a su casa; dormimos un par de noche en el suelo y luego nos dieron alojamiento y comida gratis en la Universidad Mayor de San Andrés.
Una semana más tarde, los hijos de la profesora nos consiguieron que nos llevaran unos camiones a Cochabamba, allí la Universidad Mayor de San Simón nos dio alojamiento y comida, después la misma policía de caminos nos ayudó a que nos embarcáramos en camiones de carga para Santa Cruz de la Sierra, en plena selva, nos alojamos en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, pero los mosquitos no nos dejaban dormir, sin embargo teníamos la dirección de la mamá de las profesoras de La Paz quien nos dieron alojamiento por el tiempo que permanecimos. Santa Cruz era una región tropical y a la entrada de la ciudad había un letrero que decía: “Fuera los coyas de Santa Cruz”. Los Coya son los nativos del altiplano, Santa Cruz ciudad blanca y racista conocida hoy día por la oposición al Presidente Evo Morales y por las masacres del año pasado(2008). En aquellos años no había ni una sola pavimentada en la ciudad y por lo mismo era un lugar de indescriptible belleza y herencia arquitectónica hispánica.
Cuando el tiempo llegó, nos embarcamos en un tren que va por la selva bordeando la frontera del Paraguay y llegamos a Tarija en la frontera de Bolivia y la Argentina, de allí a Salta capital de la provincia, aquí conseguimos alojamiento en la cárcel de la ciudad, entrabamos y salíamos como Pedro por su casa y hasta comida de los presos nos ofrecieron, pero la verdad nunca intentamos tomarlas, no se veía nada de agradable. La policía de caminos nos dio una mano para seguir viaje, con ellos aprendí a tomar el mate con leche, y creo que esa fue la penúltima vez que saboree el mate. Pasamos por Tucumán, Santiago del Estero y caímos en Córdoba, ciudad preciosa y colonial. Allí había una industria automotriz muy grande, la Káiser, dormíamos en los baños y comíamos donde se podía, tarde mal y nunca.
Próxima parada hacia Mendoza, llegamos en la mañana y ya se olía Chile al otro lado, llevábamos dos meses viajando y estábamos a fines de Febrero. Eran como las nueve de la mañana y empezamos a cruzar Mendoza caminando, recuerdo haber pasado por la estación de trenes y haber tomado un descanso, seguimos caminando hacia la cordillera y ningún camión o auto nos levanto. Llegó la noche y seguimos caminando, como a las dos de la mañana nos acostamos a dormir en los bordes de un puente, ya no podíamos mas del cansancio, apenas empezó a clarear seguimos rumbo cuando por fin un camión paró y nos llevo a Uspallata. Nos quedamos todo el día recuperando fuerzas y con la policía fronteriza me tomé el último mate de mi vida. Al día siguiente nos embarcaron para Chile, estuvimos en el Puente del Inca donde se observa cómo funciona el límite natural del cambio de las aguas en la frontera, de allí a las Cuevas. Por allá por el año 1948 mi padre tenía dos primos, uno era jefe de estación en Portillo, los llamábamos por el apellido, Los Letelier, donde pasamos unas semanas de vacaciones de verano, vacaciones con mucho frio para ser Enero; un día me llevó a Las Cuevas y pasamos por el túnel que separa los dos países, recuerdo que un hombre de esos lugares se acerco a mi viejo y le dijo: “Che, y estos pibes de donde vienen”, estábamos sobre la vía del tren al otro lado del túnel. De allí a Portillo, estaba igualito a como lo recordaba con su hotel amarillo, recuerdo que había un túnel que iba de la estación al hotel y que recorrí varias veces con mi padre, con mi hermano menor jugábamos en la tornamesa que invertía las maquinas de los trenes. Los Carabineros nos embarcaron en los taxis que iban de Santiago a Mendoza, Cata creo se llamaban y como a las seis de la tarde de un 2 de Marzo volvía a casa más flaco y con ganas de emprender mi último año en el Pedagógico.
V
Terminé los estudios en Diciembre de 1966, y en Enero de 1967 emprendí lo que sería mi último viaje como mochilero en dirección al Sur y lo que a la larga seria también mi última visita a esas tierras. Estuvimos en Temuco visitando al tío Gastón que me había recibido dos años antes, ahora vivía en Padre Las Casas, al otro lado del rio Cautín, su situación económica se había deteriorado pero su generosidad permanecía sin cambios, estuvimos en Huiscapi, donde nuestra vecina estaba asentada en ese lugar por el periodo de vacaciones y nos recibió en su casa. Huiscapi según los habitantes de aquella época era tierra de Nazis escapados después de la guerra, de allí en tren a Villarrica. Volvimos después a la Panamericana.
Allí nos embarcamos de “pavo” en un tren de carga con destino a Valdivia, en el camino el tren dejó el carro botado en una estación pequeña, seguimos viaje con otro crucero hasta que arribamos a Valdivia donde estuvimos alrededor de una semana para luego embarcarnos con destino a Osorno, conseguimos que un conductor de un tren de carga nos diera un aventón. Ese fue el viaje más maravilloso que he hecho en tren y el penúltimo de mi vida. El tren salió con destino a la región de los lagos y en la mañana nos encontramos en Riñihue lago de triste memoria para el gran terremoto que nos azoto por allá por los sesenta. Parte del viaje lo hice en la máquina de carbón, el infierno que salía de la caldera era impresionante, pero aun más bonito es el paisaje que aquí en el norte llaman Rain Forest, fue el primer pueblo donde vi una gran presencia del pueblo nativo Mapuche. Al llegar a Osorno nos enteramos por los periódicos de la tarde del suicidio de Violeta a quien yo escuchaba desde pequeño cuando tenía un programa en Radio, mi viejo siempre fue un admirador de la música vernácula y él me inicio en la música folklórica. Su música fue nuestra compañera en todos esos años universitarios, años de rebeldía, canciones como “La Carta”, “Que Dirá el Santo Padre” y “Al Centro de la Injusticia” eran coreadas junto con las de la guerra Civil Española en todas nuestras reuniones y manifestaciones públicas. La noticia nos dejo una sensación de amargura.
De Osorno la próxima parada era por supuesto el recordado Purranque donde encontré a María Delfina y Helena, Oriana no se encontraba en el pueblo. El profesor Alvarado había fallecido hacia poco tiempo y la mamá de mis amigas estaba pasando por un mal momento, traspasaba su nerviosismo y se podía percibir su estrés. El viejo camarada del partido también estaba en una situación económica que se veía desesperada, me recibió en su casa donde alojé por un día y viendo las condiciones en que estaba no podía dejar de pensar en el poema de Fernando alegría “Y llamarle casa”. Su hogar era de un solo cuarto de tierra, todo estaba junto, cocina, comedor, dormitorio, fuera de la casa una letrina, el lugar plagado de moscas. Esa noche abrigado en mi saco me dormí en el suelo. La solidaridad nunca lo abandonó, la revolución en libertad no había llegado tan lejos y parece que nunca lo hizo. Con la dictadura las cosas empeoraron. Nunca más supe de él.
Estuvé en Puerto Varas donde me reuní con Delfina, paseamos por la ciudad cerca de Angelmó, había sido un día muy lluvioso y recuerdo que andaba con mucho frio. Cuando llegué a Puerto Montt tenia la dirección de un profesor de matemáticas, lo había conocido cuando estaba en el último año de la enseñanza media, vivía en Macul con Providencia, a unas cuadras del Pedagógico, mi padre me pagó clases particulares para darme un pequeño empujón en mi preparación para el Bachillerato que se avecinaba. Su departamento en Puerto Montt tenía una curiosidad que siempre me llamo la atención, su baño estaba alfombrado. Nos recibió en su casa con un poco de desconfianza, pero allí estuvimos algunos días antes de emprender el camino a Castro en la Isla de Chiloé. Aquella fue la última vez que tuve contacto con mis amigas del sur, tendría que pasar 42 años para poder revertirlo. En Castro al llegar nos dieron alojamiento en algo que había sido un galpón para productos agrícolas y en el cual funcionaba un taller de billares. Localicé a una profesora primaria quien había estado en mi casa por allá por los 50’s. Era hermana de un amigo de mi padre, el señor Alvarado quien fue mi padrino de confirmación, cuando aún era Católico por la influencia de mi madre. Ella había asistido al matrimonio de su hermano, pocos años después apareció el señor Alvarado muerto en una calle cerca del liceo, lo habían asesinado y nunca se supo quien había sido. Fue una desgracia que gravito en nuestra casa ó por algún tiempo.
De vuelta a fines de Febrero lo hicimos con apuro, llegaba marzo y había decidido no seguir en mi Liceo, Manuel Barros Borgoño, lugar en el que había sido profesor los dos últimos años. Había estado 11 años como alumno y dos como profesor, el año que se había ido había conocido una apoderada, hermana de uno mis alumnos de segundo año, hoy octavo básico, se llamaba Doris. Cuando llegué a casa tenía una barba un poco crecida, recuerdo que cuando golpeé la puerta mi madre abrió y me miro, me iba a decir que no tenia comida para darme, cuando de dije “Hola Mamá”, recién se dio cuenta que era su hijo, pensó que era un pordiosero pues había bajado unos pocos kilos tras dos meses de vagabundeo.
El 8 de Marzo, acompañado de mi madre, fui al Pedagógico a recibir mi título de Profesor de Estado en Matemáticas, al bajar del estrado me entrevistó un reportero de una radio y entre las preguntas que me hizo fue de si me iba a casar pronto, la respuesta fue que el matrimonio no estaba en mi mente. Por esos días ya había conseguido unas horas en otro liceo Fiscal por Carrascal, el liceo de Hombres No 9. Tenía ya en mente volver a trabajar al Sur, aunque no estaba claro donde, pero mi brújula apuntaba Valdivia, Osorno o Puerto Montt. Conseguí unas horas en un colegio particular y empecé también a enseñar en una escuela dependiente de la Facultad de Economía de la U de Chile.
Por el 15 fui al Ministerio de Educación a postular a una jornada completa en alguna Escuela Secundaria. En aquellos años para tener una jornada completa en Santiago había que haber estado tres años en provincia. Postulé para Osorno donde habían dos posiciones en dos liceos, estaba empezando a forjar mi destino. Todo cambio de repente. Los primeros días de Abril recién pasadas otras elecciones, tuve una entrevista en la Universidad Técnica del Estado y el 17 de Abril me incorporaba como docente con 17 horas. A medio año me hablaron de la posibilidad de mas horas y como aquí no existía la relación de tres años en provincia y uno estaba adentro, y además que me había encontrado con Doris, volví al ministerio a renunciar a esa postulación, en Febrero estaba casado y en Marzo tenía una posición de tiempo completo en la Universidad, de allí el remolino me envolvió y me encuentro ahora, 42 años más tarde, con dos hijos y una nieta viviendo rodeado de frio y con una carta que me trae estos viejos recuerdos.
Recuerdo que cuando volví a Santiago le escribí a María Delfina y le dije que a pesar que el tiempo y la distancia empequeñecen las cosas, ella podía estar segura que yo las recordaría como si este no hubiera pasado y como si fuéramos vecinos, palabas más, palabras menos.
Con respecto a Edison, lo vi una vez más en Santiago después de nuestro primer viaje, y en otra oportunidad, ya casado, se bajó de un bus y se acerco a saludarme conoció a mi compañera y luego se perdió entre la bruma de los años. Supe el otro día, a través de María Delfina, que había muerto empujado por la pena después de la muerte de su hijo. Por mi parte quiero recordar lo que me dijo aquel día de Febrero de 1965 cuando nos subimos al camión que nos llevaría al Sur, cuando me despedía de mis padres me dijo que a él no le gustaban las despedida porque eran tristes, por lo que no me despediré de mi viejo amigo, él solo morirá para mí cuando yo me olvide de él o cuando yo ya no este.
Surrey, British Columbia, Canadá
Diciembre 2009
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