Pedofilos civiles

Tuve una infancia como la de cualquier chico en aquellos años, sin televisión y donde la radio era lo único que se escuchaba y que a veces nos tocaba  a nosotros en los programas como el del  “Tío Alejandro” de Alejandro Mitchell Talento el que  más adelante fue conducido por Rene Largo Farías, amigo muy querido allá en México en los 70. Y los días pasaban lentamente durante el año escolar y muy rápidamente en las vacaciones.

Por allá cuando tenía como  nueve apareció en escena un individuo bastante mayor que yo, diría que más de 10 años de diferencia, supongo que ni siquiera era un adolescente, pasados los veinte y se llamaba Arturo, vivía en la última casa de la población en  Roberto Espinoza y Biobío. Era un tipo completamente atípico y estudiaba en un Instituto Comercial por allá por la Alameda, aunque no estoy seguro creo que el comercial se llamaba Manuel Rodríguez. Era un hombre bastante extraño, fanático con el orden y cuidado  que tenía en sus libros, revistas y juegos de salón, era minucioso y hasta podría decir que enfermizo,  guardaba sus libros y revistas desde el primer número que compro hasta el más reciente y parecían nuevos, tenía una colección de juegos y un tren eléctrico así como varias revistas con modelos de cartón para armar aviones, me vendió unos cuantos de ellos, todos los días se afeitaba en las noches para no perder tiempo en las mañanas y se juntaba solo con chicos como yo que no llegábamos a la pubertad, además admirador de los nazis y de Hitler.

Al principio mis conocimientos acerca de la segunda guerra mundial no llegaba a las raíces del conflicto más allá de las películas gringas e ignoraba todo acerca del genocidio con judíos, gitanos, comunistas y discapacitados y empezó a vendernos la pomada que formáramos un club de juegos donde podíamos usar sus juegos que guardaba en sus cajones, tiempo después me conto que los grupos de los cuales el formaba parte (grupos nazis) se agrupaban entorno a los clubes de juegos. A mí me pareció interesante la idea y fuimos haciéndonos más amigos, en vacaciones yo lo visitaba todos los días y en el periodo escolar en las tardes, su casa paso a ser algo natural, siempre dentro de su cuarto que era la pieza más chica de la casa, la cual era igual a la nuestra. Mi padre lo miraba con desconfianza y empezó a creer que tenía malas costumbres e intenciones, yo lo defendía porque no veía nada malo en sus actos pero el viejo de alguna manera me recomendaba que anduviera con cuidado. Arturo  Menanteau nos contaba historias interesantes como que había ido a Valparaíso y que en la noche lo fueron a buscar y lo llevaron a un submarino, no hablaba de donde eran pero todo suponía que pertenecían a los alemanes nazis que andaban prófugos, afirmaba que el jefe (Hitler al que tampoco nunca nombró) estaba vivo y esperando el momento para aparecer de nuevo y que el sucesor iba a ser un chileno de descendencia alemana, todo esto construía un halo de misterio en nuestras relaciones, sabia explotar la mente de niño, todas sus historias estaban rodeadas de un misterio el que aceptábamos sin preguntas. Esa costumbre la he conservado hasta viejo,  cuando alguien cuenta algo lo acepto y no pregunto más detalles y trato que el tiempo me los aclare.

Con este individuo hubo otras situaciones hasta que llegó un momento de ruptura, alrededor de tres son los hechos que se concatenaron para cortar relaciones y empezar a dudar seriamente de las intenciones de Arturo Menanteau Cavada, el primero fue cuando tenía alrededor de 9 años, un día de semana fuimos a ver unas películas al teatro Prat en San Diego con Franklin, el teatro del barrio, cuando salimos me dijo que yo era homosexual, su afirmación me golpeó fuertemente pues yo  a esa edad estaba lejos de sentir atracción hacia el sexo opuesto y mucho menos a los muchachos,  la cuestión sexual no era algo que nos preocupaba y estábamos lejos de llegar a la adolescencia, en aquellos años la educación sexual era nula y todo se aprendía en la calle con los amigos más despiertos o mayores, además que nunca he sentido atracción por un hombre, mis amigos de esa época eran como los de cualquier chico de barrio, una especie del club de Toby, y estábamos alejados de todo lo que era fiestas y nuestra convivencia con las muchachas eran solo de amigos con diferentes juegos y convivíamos sin ningún tipo de acosos, a mi casa iban las amigas de mi hermana y nunca a esa edad sentí atracción por ninguna de ellas, en todo caso este hombrecito que se las daba de muy culto me lo tiro a la cara de repente y nunca más volvió a tocar el tema, pero mi relación con el empezó a cambiar y a tomar un camino divergente y sentí que algo había roto la amistad que tenía, me sentía herido  en mi condición de muchacho, probablemente su inmadurez intelectual no le permitió ver con claridad su actuación.

El segundo episodio fue posterior, un día llego mi hermana a la casa y comento lo que la hermana de Arturo  había escuchado en su casa  (se refería a un amigo común cuyo nombre era Pato) y en ella decía que su hermano le tenía pena porque no tenía mama, yo inocentemente y por solidaridad infantil y porque no encontré nada malo en dicho comentario pues venia de un hogar donde ese problema no existía se lo comenté a mi amigo el cual se lo saco en cara, uno o dos días después llego a mi casa en bicicleta, se veía muy enojado y me llevo al Parque Cousiño por el lado de Baeucheff y me puso un cuchillo en mi garganta y me dijo que de donde había sacado ese comentario, con el tiempo pienso que aquella vez fue la primera vez que no respondí como soplón o rata y no le di ninguna información por no perjudicar a mi hermana y su amiga, sencillamente me calle, y en ese momento las relaciones se volvieron un poco más áridas y me pidió algunos libros que me había prestado. En ese tiempo empezó a pasarme revistas de educación sexual donde en la parte final venían cartas al director y las respuestas, me acuerdo vagamente de las revistas aquellas, que eran para mayores de 18 años, siempre tocaban el tema de la sexualidad y la masturbación que le llamaban la autocomplacencia.  En otra oportunidad me explicó como dos hombres tenían relaciones sexuales y la verdad es que me impresiono muy negativamente y me dio mucho asco  y entonces trato de minimizar y terminar la conversación. Pero la última vez,  cuando tenía alrededor de 12 años, el seguía con la cuestión de los alemanes sin cambiar el disco y por allá por el 55 un día me dijo que estaban probando un arma nueva para el regreso de los alemanes y que necesitaba semen para desarrollarla y me paso un frasco para que se lo devolviera, yo todavía no había alcanzado la adolescencia pero pensé que habíamos llegado a un camino sin   salida ni retorno, no me gusto en absoluto su pedido y poco tiempo después no recuerdo ni siquiera la razón nos disgustamos y deje de saludarlo las veces que nos cruzamos en la calle. Ahí termino toda relación y ya maduro pienso que Arturo Menanteau no solo  es  nazi sino también pedófilo, mi vida siguió su cauce normal y me llego la pubertad y empezó una adolescencia normal sin interrupciones. Hace años buscando en las páginas blancas del teléfono encontré su nombre y dirección y un par de años después quise escribirle para que me aclarara tantos puntos oscuros pero su nombre había desaparecido del directorio, mi hermana aún mantiene amistad con su hermana y a diferencia del reaccionario nazi  pedófilo ella al parecer ha mantenido una posición progresista. El otro día por casualidad vi su página en Facebook y nunca la hubiera reconocido, la vida nos cambia  emocional  y físicamente   y los años de la niñez quedan en el recuerdo formando una huella indeleble. Finalmente el mes pasado estuve 6 semanas en Santiago finalizando algunos asuntos familiares y visitando amigos y el día antes de volver a mi casa en Vancouver, por esas casualidades de la vida poco antes  de abandonar el Persa Biobío se acercó a nosotros una pareja y ella me saludo muy amablemente, no sabía quién era, la vida nos cambia principalmente en nuestra presentación física y era la Hermana de Menanteau y no pude resistir la tentación de preguntarle por su hermano y supe que aun respira en algún lugar de Santiago, Le mande un recuerdo acerca que estaba escribiendo mis memorias y que le había dedicado un capítulo especial  a él, ellos recuerdos de esos tiempos volvieron a mi mente recordando lo que había escrito hace ya algunos años atrás y que por motivos familiares, cuando mi compañera se enfermó, tuve que interrumpir mis escritos por más de un año.

El tiempo ha pasado más rápidamente de lo que uno espera, sin embargo la primera vez que comente esto fue alrededor de 40 años más tarde y aun así fue difícil porque es algo, que aunque no hubo daño físico, si lo hubo interiormente, no se puede jugar con los niños y yo como profesor tengo bien clara la situación. No sé qué camino ha tomado este hombre, pero las malas costumbres no se curan de un día para otro, no sé si se habrá aprovechado de otros infantes, y no pondré las manos al fuego. Además la legislación chilena permite que los delitos caduquen. Aquí en Canadá estos no caducan y se pueden perseguir sin importar cuando sucedió.

Hoy día cuando la pedofilia asociada a las iglesias se han destapado es conveniente también  volver la mirada al mundo laico donde de seguro esto es cosa común, la pedofilia esta en los barrios y en los pueblos, en las poblaciones sin importar el estatus social y creo que  aunque sea tarde siempre es tiempo de hablar y contar lo que se ha callado como un modo de sanación para que por lo menos en el ocaso de mi vida pueda, si es posible, mirarlo a la cara y preguntarle qué era lo que buscaba.